Turismo Rural y otras hierbas en la Sierra de Aracena (Huelva)

Foto: almanatura

Pese a las cifras del INE (Instituto Nacional de Estadística) el Turismo Rural no está viviendo sus mejores tiempos, pues aunque los datos en turismo parece que son los únicos que en estos años de crisis se salvan, tengo la ligera impresión que hay mucho dato inflado.

Nuestra Sierra no podía ser menos. Estamos inmersos en numerosos cambios que hacen que el empresario de Turismo Rural tenga que afrontar intermitentes desconexiones con su clientela habitual. Ahora lo que verdaderamente queremos es llenar Semana Santa y verano, la estacionalidad ha pasado a convertirse en una prioridad secundaria.

Y parece normal, el número de ‘camas’ (muy triste que se siga llamando así) supera la demanda y entonces los casos de abandono del empresario de Turismo Rural se disparan. Creo que es tiempo de repensar otro modelo sostenible de Turismo en la Sierra de Huelva y para ello, en base a mi experiencia con empresarios y emprendedores de turismo voy a reflexionar en voz alta a cerca de algunas premisas que deberíamos haber aprendido ya:

1.- No podemos competir con hoteles de 5 estrellas urbanos que cobran 50 euros por noche. Es evidente, aunque no tanto pues hay alojamientos que siguen bajando precios muy por debajo de su línea de rentabilidad y al final lo único que conseguimos es llegar al cuello de botella, auto estrangulando la oferta y bajando la calidad hasta modelos sospechosos de malos hábitos.

2.- Los servicios de actividades alternativas se siguen tratando de ‘alternativos’. Error descomunal, pues es la única pata que da vida y armoniza la diversificación en entornos rurales sin catedrales, museos con sentido o parques de atracciones. “Nuestro mayor valor añadido son nuestras diferencias”. Existen cada vez más oferta de actividades pero no está bien estructurada, empaquetada ni apuesta por una sintonía real entre alojamientos y empresas de turismo activo.

3.- Promoción online casi inexistente. El social media como motor de comunicación en tiempo real donde la oferta sea encontrada por nuestros clientes y no al contrario: Miles de ofertas a la caza desesperada de viajeros que ‘rellenen” paquetes’. ¿Segmentamos? ¿Utilizamos bien la monitorización en redes como Twitter?

4.- Valor añadido no es agua caliente y sábanas limpias. Tampoco Wifi abierta gratuita. El valor añadido tiene que ver con los sentidos, con la implicación real de nuestro cliente y con la búsqueda incesante de experiencias auténticas que sumen. Somos lo que percibimos, necesitamos provocar el recuerdo y la esperanza de que nos repetirán. Por cierto, ¿Sabemos nuestra tasa de repetición? ¿Estamos sobrevalorando nuestro alojamiento respecto a los servicios/productos que se ofrecen en otros zonas rurales de España?

Debemos trabajar juntos, esforzándonos por conseguir salir al exterior más cercano. Por conectar con destinos que intercambien experiencias y buenos hábitos y para de una vez por todas dejar de criticar destructivamente y asimilar que el turismo en la Sierra de Huelva no es la gallina de los huevos de oro.

Mi aportación del último mes en la publicación Entorno Natural.